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Por Alfredo Espinosa |
| 15.07.2012 04:02 pm
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¿Qué sucede para que dos personas estén tan íntimamente ligadas? El flechazo de Cupido, la eficiente seducción de don Juan, la coquetería irresistible de esa mujer, la fatalidad o la química, la astucia o la tenacidad del cazador, el embone de las poleas inconscientes, son algunas de las razones que explican que la atracción súbita, el relámpago del enamoramiento, la resuelta orientación del deseo, la construcción de los afectos, han sido exitosas: el hambre encuentra su antojo; el náufrago se ase a su tablita. Uno (a) encuentra en otro (a), su pareja, su media naranja, su peor es nada, y a veces, si tiene suerte, al amor de su vida. Pero sólo cuando se involucra el corazón y se profundiza el compromiso podemos estar hablando de amor.
La comprensión de todo lo que la persona amada ha despertado la vuelve extraordinaria y difícilmente repetible, por eso se comulga con ella, se le acepta como es, con defectos y cualidades, como si en realidad fuera parecida a la imagen que forjamos. Esa persona suscita todo lo que en nosotros se mantenía en estado larvario: la ternura, la pasión, el interés, la alegría, el azoro.
Y cuando nos encontramos con el amor cantamos los salmos de la pertenencia, el himno del orgullo de haber sido arraigado en el corazón del otro (a).
El amor nace de la idealización de una persona de la que nos enamoramos, por un encantamiento de la fantasía. El amor no sólo es comprensión, participación, amabilidad, respeto, pasión que toca el alma o que vibra en los cuerpos. El amor no es sólo silencio, pregunta, respuesta, señal de fe eterna, laceraciones, traición de promesas incumplidas, naufragio de sueños interrumpidos. Yo estoy convencido de esto: Amor es la violación de la integridad del individuo, es tocar con las manos los límites de la persona. Es tocar el fuego sin quemarse.
Ya lo sabemos: el gran ingrediente de la felicidad es ilusorio en el amor: aparecen en el amado(a) cualidades que no existen. Sólo conocíamos de ellos los sentimientos que lograron inspirarnos.
La vida en pareja, en uniones libres o en matrimonio, es una apuesta moral, un compromiso con un tipo de código que persigue hacer más perdurable el lazo; pero este lazo debe ser afectivo o no es. La vida en pareja es la aceptación de un compromiso romántico, de la marca de un territorio, de una alianza en el cuidado del otro, socios en la empresa del patrimonio familiar, y es un destino libremente decidido. Es ágape y eros dispuestos a convivir en el limitado espacio del matrimonio. El amor, idealizado por el romanticismo o exaltado por la pasión, deja de ser un dios pero también deja de ser un demonio para humanizarse con sus miserias y sus atributos. Los ídolos se caen, las nubes se disipan y quedan dos personas reales, desnudas, y hermosas en su esplendorosa y mísera humanidad. El otro, la otra, es una persona total, y no una bacante, príncipe, hada, ídolo, semidiosa, hetaira, etc., sino solamente una persona que ofrece lo que es, y al mismo tiempo, recibe todo lo que el otro es.
Estamos convencidos de que nuestra elección ha sido perfecta.
La persona amada se recorta de entre todos, se colorea, y los sentimientos se concentran en ella como si fuera única, se intensifican las emociones y los sentidos, se profundizan en ella nuestros afectos. Esa persona nos sorbe el coco, es la responsable de los vuelcos en el corazón, de las mariposas en el estómago.
El amor es poderoso y es capaz de mover al mundo. Por lo menos puede movernos como marionetas.
Ana Lya Espinosa Montoya nos obsequia esta reflexión: “Desde siempre hemos escuchado que el amor mueve al mundo. Siempre fui escéptica acerca si era o no verdad esta frase. Después de diez y ocho años llegué a la conclusión de que efectivamente el amor mueve al mundo, lo queramos o no.
Gracias al amor se crean canciones, poemas, novelas (ya sea televisivas o impresas), películas e infinidad de cosas más. Y es que cuando estamos enamorados nos nace la inspiración a más de uno aunque no seamos un Shakespeare nato. El sentirnos enamorados nos hace ser más felices que si hubiéramos ganado el premio mayor. En la mayoría de las ocasiones empieza las conversaciones entre las amistades, ya que siempre habrá algo nuevo que contar acerca de la pareja prospecta o estable.
Ese sentimiento comienza por las tan mencionadas “mariposas en el estómago” cada vez que se ven, que hablan. Después pasa a las sonrisas estúpidas y después te hayas a ti mismo pensando todo el día en esa persona especial, lo quieras o no.
Aparte de crear arte, crea un cambio en las personas, ya sea en su forma de pensar, sea racional o no. Si es racionalmente, uno quiere cambiar su apariencia para lo mejor. Buscar ropa nueva y atractiva, empezar a hacer ejercicio, maquillarse en caso de las damas, mantenerse siempre bañado y perfumado, hasta llegar a hacer un cambio radical sobre nuestro estilo ya que pensamos que de esta forma llegaremos a agradar más al sexo opuesto.
Si es de otra manera, tal vez y el pensamiento de un cambio físico pueda ser el mismo, lo que no sería lo mismo es el pensamiento. Hemos escuchado que se cometen locuras por amor, así que en muchas personas esta frase se pueda volver literal y se cometan las más grandes estupideces. Creo que no podría conocer a una persona que en su vida no allá cometido alguna locura o estupidez por amor. Y por más que tratemos de retenernos, siempre habrá este impulso que nos empuje a hacer o decir cosas de más.
Del otro lado de la moneda, o sea cuando nos rompen el corazón. Podemos decir que el sentimiento del amor que queda después de terminar una relación también puede mover tu mundo, o tal vez también pueda mezclarse el sentimiento de despecho…?
Creo yo que cuando te rompen el corazón crece aún más la inspiración, ya quieres desahogar todos esos sentimientos de alguna manera, es por eso que a mi punto de vista se crean aún mejores canciones, poemas y tratando de analizar creo que solamente eso.
Pero con esas canciones que escuchas a todo volumen, que crees que cuentan tu historia en cada palabra, que te hacen estremecer y soltar una lágrima creo que es más que suficiente. También en este sentimiento de desamor existen dos lados de la moneda: las personas que se lo pueden tomar a bien y salir adelante u otras que se hunden en la depresión. De las dos maneras sigue moviendo el mundo.
Analizando a la primera que piensa en superarse a sí misma cuando ha terminado una relación, que piensa en proyectos a futuro, proyectos que le traigan éxito, buscar nuevas amistades, salir más a menudo y hasta tratar de verse aun mejor físicamente. Todo esto tal vez para demostrarle a su antigua pareja que se encuentra aun mejor sin ella/él.
Muchas de las personas deberíamos de tomar el término de una relación de esta manera, pero no todas tenemos los suficientes pantalones para hacerlo (o tal vez sea solo yo).
Comentarios:
aespinosadr@hotmail.com
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