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  • II. CRÓNICA DE DON ROSENDO NAVARRO ARMENDÁRIZ
    02.04.2011 10:42 pm

     
    “Festival de la Fundación de Ciudad Delicias” /78 Aniversario Diez Crónicas de Fundadores y Pioneros de Ciudad Delicias, Chihuahua  
    Versión digital

    © Presidencia Municipal-Secretaría de Desarrollo Social-Departamento de Cultura

    © Javier Arturo Quiñones Espinoza, Compilador y Editor.


    Presentación

    La divulgación digital de las “Crónicas de Fundadores y Pioneros de Ciudad Delicias, Chihuahua”, ha sido posible gracias al auspicio de la Secretaría Municipal y la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno del Ing. Mario Mata Carrasco.

    Debo en particular a los buenos oficios del licenciado César Jáuregui, la señora Arasely Villalobos, el señor Albino Rodríguez y el licenciado Eduardo Barbosa la consecución de nuestro objetivo de dar a la luz pública una serie de diez crónicas de fundadores y pioneros que aparecerán en este portal durante el mes de abril.

    La crónica de don Rosendo Navarro Armendáriz es la segunda de dicha serie.


    Consta de dos partes.

    La primera resume nuestra edición de varias entrevistas realizadas durante el pasado mes de marzo al señor Rosendo Navarro Armendáriz.

    En apego a nuestro criterio metodológico general consiste el relato estrictamente en palabras del propio entrevistado. (Una sola excepción hay en la serie de crónicas delicienses a esta regla: la crónica de doña Concepción Martínez y don Enrique Sáenz, por intervenir en el texto la voz del entrevistador.) La edición y revisión estilística de los diversos pasajes de las crónicas fue supervisada, corregida y autorizada verbalmente por el narrador.

    La segunda parte de la crónica de don Rosendo Navarro contiene dos trabajos literarios, la letra de una canción (“A Emiliano J. Laing”) y un poema (“A mi siempre amada esposa”).


    Javier Quiñones, compilador y editor

    Ciudad Delicias, Chihuahua, 1o de Abril de 2011


    CRÓNICA DE DON ROSENDO NAVARRO ARMENDÁRIZ


    Don Rosendo Navarro Armendáriz nació el 26 de noviembre de 1939 en Ciudad Delicias.

    Trabajó desde muy niño en su tierra natal como bolero y periodiquero; y fue durante su juventud pizcador, albañil, pescador, vaquero, ovejero, cablero, voluntario militar, policía, y algo más.

    Gran parte de su vida la pasó en Estados Unidos, como “mojado” en una época en que los pasaportes casi no se utilizaban en nuestra frontera norte.

    Siendo un hombre de edad madura, don Rosendo adquirió celebridad por su brega victoriosa en pos de la dignificación de la memoria de Emiliano Julio Laing. En efecto, en calidad de presidente de la “Asociación Emiliano J. Laing Agüero” le tocó asistir a la develación del busto del trágico ex presidente municipal, realizada por el actual alcalde panista Mario Mata Carrasco el pasado 15 de enero, al cumplirse el 57 aniversario del fallido asalto al cuartel situado en la esquina norte del cruce de la avenida 6ª. y la calle 2ª Norte.

    En su libro “Luto en Delicias”, Carlos Gallegos hace un reconocimiento a don Rosendo como su “investigador” en la minuciosa indagación realizada por el autor en torno a la vida y muerte del ex presidente municipal de Delicias que un mal día intentó instalar por la vía armada al general Henríquez en la Presidencia de México.



    -PRIMERA PARTE-


    Yo tengo 72 años y mis hermanos mayores 75 y 76 años.

    Nací el 26 de noviembre de 1939 aquí en Delicias, cerca de donde estaba la XEJK.

    Mi vida fue muy dura, demasiado dura.

    Ya de viejo me ha dado por conocer más sobre la historia de Delicias…

    Supe que el primer colono de Delicias fue Juan Chacón Martínez, quedando registrado el primero de abril de 1933 como titular del primer contrato sobre la parcela número 1 y el lote número 1.

    El primer niño registrado en Delicias, ya en 1935, fue Aurelio Ferrara Romero.

    También supe que al año siguiente, en 1936, llegó de la comarca lagunera el señor Juan Arguijo a formar el primer sindicato de trabajadores agrícolas. Este líder fue levantado y desaparecido en 1944, al salir de una reunión sindical.


    Foto 1 Rosendo Navarro Armendáriz hacia 1957, siendo sargento voluntario.


    PADRES Y ABUELOS


    Bueno, mi padre era Eugenio Navarro Martínez. Él venía de Hacienda del Rosario, de por Durango. Era un hombre muy alto y fuerte, españolado, de ojos semi azules.

    Era de esos hombres recios que hablan siempre con la verdad; no le gustaba dar a entender las cosas, sino decirlas claramente.

    Mi padre nos hablaba mucho de las haciendas de “Matalotes”, el “Rosario” y “Villa López”, en las que él y mis tíos se criaron, en la región de Jiménez para abajo.

    Cuando el abuelo dejó de ser administrador, tuvieron que irse de peones mi papá y todos sus hermanos. Nos hablaba mucho mi papá de la dureza con la que los trataban los hacendados.

    Mis abuelos paternos fueron Rafael Navarro y doña Marcelina Martínez, también de por aquellas tierras. A estos abuelos no los conocí. Era administrador de una hacienda mi abuelo; y allí trabajaba también mi papá, como peón.

    Mi madre fue Rita Armendáriz Sotelo, de Jiménez. Era blanca, también con ojos de color, a pesar de que el papá de ella, Exiquio Armendáriz, era indio.

    Mi mamá se llamó Rita Armendáriz; y mi abuela materna, doña Mercedes Sotelo. No la conocí a mi abuelita yo.

    Mi abuelo Exiquio era un poco retraído al hablar, de pocas palabras, como son todos los de la raza. Siempre se dedicó a la agricultura. Era peón, aunque después tuvo un ranchito acá por Orinda. Se vino a Rosales desde Jiménez con mi abuela, huyendo de la Revolución.

    Mi madre vino a Delicias ya con mi padre, pues se habían casado allá.


    LOS NAVARRO ARMENDÁRIZ


    Mis padres han de haber llegado a Delicias como en el ’35, por ai.

    Cuando llegaron aquí empezaban a desarrollarse los despepitadores. Mi papá fue velador del “Despepitador número 1”, junto con Diego Magaña y don José Otero. Mucho tiempo después, Emiliano J. Laing fue administrador de ese despepitador; por tal motivo se conocieron Emiliano y mi papá.

    Mi padre había sido comandante de policía en Jiménez; aquí estuvo de policía o subcomandante un tiempo.

    Cuando yo nací aquí pues había la facilidad de la Junta de Mejoras Materiales de escoger un lote, porque lo que querían era que se poblara Delicias.

    Mi padre estaba acostumbrado a ser un acasillado, y por tal razón, no tenía aspiraciones de comercio. Ni tenía una visión de decir “voy a preparar a mis hijos para esto”. Entonces hacía un cuartito o dos, vendía, y pedía otro lote; hacía otros cuartitos, vendía, y así se la llevó.

    Hasta que llegó un momento en que ya no se pudo adquirir un lote a pesar de las facilidades, porque había qué comer.

    Era demasiada familia; mi papá era albañil y no podía con el tercio, como se dice.

    Fuimos nueve hermanos y orita quedamos ocho.

    Mi hermano mayor es Rafael, le sigue Mercedes y luego yo. Después Abelardo, que en paz descanse; Margarita, Marcelina, Adelita, Arturo y Rodolfo.

    A nosotros nos tocó vivir una niñez muy restringida, muy carente de hasta lo más indispensable.

    Era una casa grande donde viví mi infancia. Pero era de todos los hermanos de mi papá. Eran varios: mi tío Rafael, mi tío Ramón y mi tío Gorgonio; este el papá de Miguel Navarro, quien es mi primo hermano.


    PRIMEROS RECUERDOS


    Al principio, cuando nací en la calle 2a Norte, jugueteábamos como todos los niños, entre otros con Fernando Dittrich de la Fuente. Pero luego se vinieron crisis.

    Se llegó el momento en que quisieron separarse los hermanos, vendieron, se repartieron y cada quien se fue a buscar un nuevo lugar donde vivir.

    Solicitaron lotes, aquí mismo en Delicias, y volvieron a empezar por su lado cada uno.

    De allí nos cambiamos nosotros a un lote enfrente de donde está la Escuela 80. Era un solo llano, lleno de mezquites; para llegar a la casa había que rodear el lote donde está la escuela, era impenetrable ese mezquital.

    Entonces vivía por allá la familia de don Venus López. Y la de don Aureliano Valdés. Y también la familia Ríos. Habíamos pocos en esa área.

    Aquí vivimos seis o siete años, por la costumbre de mi papá de vender las casas. Ya llegaba con comprador y nomás le decía a mi mamá:

    -Fírmale de acuerdo.

    Y pues mujer disciplinada a su marido, pues firmaba ella. Y de ahí a buscar otra parte dónde vivir.

    De ahí nos fuimos para atrás, para atrás, para atrás. Me acuerdo que una vez le dieron dos mil pesos por una casa.

    No había ambiciones. Eran personas acostumbradas a buscar quién los mandara.

    No había el pensamiento liberal de pensar de una manera independiente, como vender churros o cualquier cosa, en lugar de buscar quién los mandara.

    Esa fue la cosa.


    UN DURO YUNQUE


    ¿Qué fue lo que pasó con nosotros? Que hubo que entrarle a la boleada, a vender periódicos, a todas esas cosas. Entonces fuimos forjados en el duro yunque de la vida, acostumbrados a la dura pelea de todos los días.

    Afortunadamente y por lo estricto que era el papá, nunca conocimos una droga jamás. Nadie agarramos un vicio, ni nos dio por robar. Pero sí tuvimos que irnos a la calle desde muy chicos.

    Yo desde los ocho o nueve años ya andaba vendiendo periódicos con don Luis Espinoza, el papá de “Toña” Espinoza. Me llevó mi papá. El señor Marín era mi padrino, papá de doña Elena, esposa de don Luis.

    Vendíamos en los restaurantes que ya empezaban a haber aquí, como “La Jícara”, en los transportes “Chihuahuenses” que estaban por la segunda, y en el Hotel del Norte. Vendíamos periódicos y revistas: El Heraldo, Diario y La Tribuna del señor Mena, que era de los más populares aquí.

    Entonces yo mismo me forjé un cajón mal hecho de bolear, me acuerdo, con tablas de rejas. Me iba a bolear después de vender periódicos.

    Boleaba en las calles, en los restaurantes y en el Mercado Juárez –que entonces era nada más un redondel con unos cuantos puestecitos de madera. Recuerdo

    algunos: “La luz del día”; las carnicerías “Atotonilco”, “La Estrella”, y “La Popular” de don Raúl Mar. Había refresquería “Atotonilco” también.

    Las puertas del mercado eran tres, y precisamente don Raúl solicitó al ayuntamiento de Emiliano abrir una cuarta que diera a la calle Tercera.

    Había el puro redondel del mercado, no estaba encementado todavía.


    LEER Y ESCRIBIR


    A mí me enseñó a leer el esposo de la maestra Arellano, don Filemón Cervantes.

    Vendiendo yo periódico, me hizo un trato: me dijo que le llevara “El Heraldo” antes del recreo, para tener tiempo de leerlo, y a cambio él me enseñaría a leer y escribir.

    Me regaló un cuaderno “Polito” y un pedazo de lápiz, allí me ponía tarea.

    Duré como un año para aprender.

    Vivíamos en una bodeguita de adobes y yo hacía la tarea que me dejaba don Filemón a la luz de un quinqué de petróleo.


    TRASHUMANCIA (1)


    Uno madura pronto así.

    Nosotros, los que fuimos pobres, nos hicimos hombres a muy corta edad porque le entrábamos a lo que venía. Yo anduve cortando trigo de rodillas, con la hoz; y alfalfa. No había trilladoras, nada de esas cosas.

    Me fui de la casa a los catorce años porque había muchas privaciones. De día hambre y de noche frío. Una vida muy dura para mi edad.

    Nos fuimos varios amigos aquí a Torreón primero, salimos por la carretera caminando, pidiendo rait a los traileros. Teníamos hambre de conocer y buscar. Trabajábamos un día o dos de albañiles o lo que fuera, dormíamos en las terminales de camiones, y así nos seguíamos.

    De allí nos fuimos unos a Saltillo, a Piedras Negras y de aquí a Villa Acuña por una carretera que no estaba ni pavimentada, por donde transitaban nada más trocas con ganado y la sodera que llevaba sodas y cervezas.

    De Villa Acuña cruzamos el río Grande o Bravo por una parte que le llaman El Paso de la Venada. Caminamos por ese rumbo varios días.

    De mojado trabajé como dos años en un rancho ganadero dándole de comer a las vacas, las chivas y las borregas. Juntaba borregas para la trasquila, allá en Texas. El rancho se llamaba “Spayk Rust”, de la familia Rosas.

    Trabajé en varios ranchos en Texas. En una parte que se llamaba “El Quemado”; en otro que se llamaba “Sonora”, en la región de Del Río, frontera con Villa Acuña.

    Trabajé también por el rumbo de Eagle Pass, en la frontera con Piedras Negras

    De hecho, iba y venía entre Estados Unidos y Delicias. Venía a ver a mis padres y mis hermanos, pero como la situación no cambiaba, me regresaba otra vez. No había entonces la vigilancia que hay ahora.

    En Delicias, de manera definitiva nunca he estado. Me entró ese espíritu de conocer, no sólo personas físicas, sino lugares y costumbres. De modo que conocí también a los huicholes, mayos, coras, yaquis, etcétera.

    Pero casi siempre mi destino fue Estados Unidos.


    Foto 2 Josefina Domínguez Vázquez, hacia 1978.


    TRASHUMANCIA (2)


    En 1963 estuve en Navolato, Sinaloa, cuando precisamente atropellaron a una viejita que resultó ser “La Valentina”, la revolucionaria Valentina Ramírez. En ese mismo año fui a Huatabampo, Sonora, cuando todavía no trasladaban a Obregón hacia México; entonces siempre había un guardia en la escalera de una cripta donde estaban los restos.

    En Empalme, Sonora, me embarqué con los camaroneros, eché algunos viajecitos con los pescadores, aunque casi no anduve en los peligros de la pesca del camarón; más bien nos traían lavando las bodegas donde los echaban, acomodando hielo.

    Bueno, al no ser una persona con conocimiento del mar, me mareaba, me caía y sufría mucho. Entonces dejé eso y me regresé otra vez para los Estados Unidos.

    Caminé mucho…

    Ya más mayor trabajé en las compañías buscadoras de aceite, en las yogas. Les llaman así porque va uno tirando una especie de lazos que llevan trompos, donde llevan la electricidad para las explosiones.

    Yo era cablero, tiraba los cables, me los echaba al cuello y los iba desenrollando; y otros amarraban cabeza con cabeza hasta que llegábamos a la “ricora” –una especie de caja de tráiler, donde en la televisión salía después de la explosión lo que había abajo en la tierra. Hacíamos 50 ó 60 explosiones, y en la pantalla se retrataba lo que había de agua, aceite, etcétera.

    Así me acostumbré a caminar.


    LA ELECCIÓN DE 1946


    Emiliano Julio Laing Agüero nació el 12 de mayo de 1906 en Parras de la Fuente, Coahuila, siendo sus padres el Teniente Coronel Emiliano Laing Vargas y Brígida Agüero Yarto.

    Llegó a Delicias en febrero del año 1934 como telegrafista y jefe de correos, cargo que dejó en febrero de 1935 y pasó a ocupar José Carlos Olivas Portillo.

    Emiliano compitió en 1946 por la presidencia de Delicias contra don Rodolfo Rojas, un poderoso agricultor que era de su mismo partido. Se habían formado dos bandos: la Planilla Roja del partido de Emiliano, donde andaban Héctor Meraz Lemke, Nicolás Terrazas y Ángel García; y la Planilla Verde de Rodolfo, con el que andaba entre otros Polo Amaya.

    Entonces se estilaba que los que iban perdiendo agarraban las urnas y las tiraban con todo y votos. Así se hizo la balacera en una casilla que estaba en el sector Sur, cerca del Mercado Morelos. Salieron heridos uno de cada bando, Ángel García de un lado y del otro un señor que era lechero.

    Por orden de Emiliano alguien fue a la casa de este a pedirle a la señora de Ángel –que allí trabajaba en la casa- una cobija para los heridos, y así los trasladaron a Chihuahua. ¡Cómo se iba a imaginar la pobre señora que la cobija esa serviría para envolver a su propio marido!


    Foto 3 Manifestación en la calle Tercera. De izquierda a derecha: Pantaleón Meléndez, Sepúlveda, Emiliano J. Laing, José Hernández 8con la bandera), Nacho Arrieta, un desconocido y Saúl Tochiquín Espino. Atrás, a la derecha de Tochiquín, el señor Bejarano.


    EL GOBIERNO DE LAING


    Habiendo ganado las votaciones a Rodolfo Rojas, Laing asumió el cargo de presidente de Delicias el primero de enero de 1947, tras concluir el periodo de Pantaleón Meléndez. Su suplente fue Félix Mario Fernández, y su equipo lo integraban entre otros: Ignacio Castañeda como secretario municipal, Armando Talavera como primer tesorero y Ángel García Valenzuela como comandante de policía.

    Siendo presidente, Laing supervisaba personalmente los precios y la calidad de la carne, el frijol y todo, pero siempre inclinado a que se bajaran los precios sin demeritar la calidad.

    Me tocó verlo muchas veces a caballo, andaba así hasta de madrugada. Paseaba a caballo casi siempre con sus compadres y amigos: Reyes Galáviz; otro al que le decían “El Sargento de las Tres Pedradas” porque siempre usaba un sombrero de Canadá, de esos que tienen tres entradas; Onésimo Torres, que había sido policía y lo mató un velador enfrente de la “Casa P. Márquez”, donde está hoy la Federal de Hacienda, por una discusión; y don Ángel García Valenzuela, que después fue comandante de policía con Emiliano y al que ya dije que le metieron un balazo durante la campaña electoral de 1946.

    Muchas cosas que platico aquí me las han platicado otros que las vieron o las oyeron en ese tiempo; algunas cosas las leí yo hasta después, otras sí me tocó verlas a mí.


    LOLA PARRA AMEZCUA


    A Emiliano lo vimos varias veces porque era muy dado en llevarles a las vecindades pan y leche, acompañado de su novia “Lola”, María Dolores Parra Amezcua, una hija del general Parra. Nunca se llegaron a casar.

    Lola era muy bonita. Delgadita, alta, el pelo rizado como un permanente. El papá de ella había sido de los “cristeros”, era muy católica su familia. Por eso le pidió a Emiliano casarse por la iglesia. Pero él era liberal, anticlerical, y no se pudo. Entonces ella se casó con José Estrada, un agricultor.

    Pero murió José y Emiliano volvió a la carga. Dicen que ahora sí quería casarse por la iglesia. Pero Lola, ya viuda, lo rechazó. Dicen que fue porque supo que Emiliano no podía engendrar.


    EL ASALTO AL CUARTEL


    Vivíamos en la Calle 4a y Avenida 10 Poniente, enfrente de donde está el Sindicato de Recursos Hidráulicos. Yo tenía unos 15 años cuando ocurrió.

    Era una cosa tremenda. Se oían los balazos. Un medio hermano tenía un dompe, íbamos a traer grava al río de Meoqui y allí saliendo de Delicias nos pararon los soldados. Nos encañonaron, levantaron el cofre y quitaron los asientos del dompe. Nos corrieron y nos regresaron.

    Yo trabajaba con Claudio Hernández, lavando fierros, a una cuadra de donde estaba la Comandancia de Policía, por la presidencia vieja. Recuerdo que al otro día fui. Yo iba por la calle 5ª y cuando vi eso me encaminé a ver los cuerpos. Allí estaban los cuerpos tirados y toda la gente enfrente. No dejaban acercarse.

    De la gente, recuerdo que unos estaban muy serios, otros llorando y otros gritando.

    Estuve un ratito allí, y ya luego un soldado me corrió y me fui.

    Se supo que el entonces Presidente Municipal, don Antonio Aún, evitó que colgaran el cuerpo de Laing, pues parece que el jefe militar quería exhibirlo como escarmiento. Pero a pesar de que el teniente coronel Laing Agüero no convivía con los árabes, Aún no lo permitió.

    Dicen que el chino Wong participó también en el asalto. Él tenía una frutería por donde está ahora el banco Banamex, a la vuelta de los “Rápidos”.


    LA MUERTE DE EMILIANO


    Cuando después mataron a Laing, un niño encontró el cadáver en el panteón de la colonia Terrazas.

    Se llama Ángel González, es mi primo; hoy vive en Albuquerque, Nuevo México. Se quedó tartamudo de la impresión. Yo lo conocí desde muy chiquito y no estaba tartamudo.

    De allí va él y le avisa a su mamá, doña Luz Navarrete de González; y ella a su vez le avisa a su hermano, don Guadalupe Navarrete Jácquez, del ranchito de enseguida. Se vienen don Lupe y su hijo Enrique, y le avisan al comisario de la colonia.

    Este se encargó de avisar a las autoridades y estas dieron parte; luego ya fueron los soldados a recoger el cadáver.

    El general Henríquez Guzmán era de o vivió en Parras, Coahuila. De allí mismo era Emiliano. Y también Evaristo Madero era de allí.

    Un señor Chacón, de Cuatro Vientos y sobrino de Javier Parra, dijo ya de viejito: “Yo lo maté por traicionero”.


    ECO SOBRE MEOQUI

    En un artículo aparecido el 15 de enero de 2006 en “El Heraldo de Delicias”, don Armando Navarrete recordó que la persecución contra los sospechosos de apoyar a Emiliano tocó al inventor y armero meoquense don Vicente Hernández.

    Por aquí guardo el artículo. Dice:

    “Haciendo uso de prepotencia, un jefe de la Policía Judicial y un municipal llegaron a la casa de don Chente guiados por un artero chisme de un influyente, con armas y caballos y sin una orden de cateo o aprehensión, y abrieron fuego en contra de esta familia.

    Después de este atraco resultó muerto el jefe de la Policía Judicial y su acompañante; el señor Hernández resultó herido.”


    PRESIDENTES MUNICIPALES


    Antonio Aún era un hombre alto, de lentes. Su casa estaba allá por el sector Oriente, por la avenida 3ª y calle 5ª, en la esquina.

    A él lo conocí bien porque la señora, una muy buena persona, nos ocupaba cuando andábamos boleando para limpiarle su patio y darles agua a unos pájaros. Tenía muchos pájaros. La señora nos metía a almorzar a la cocina, pero antes nos ponía a rezar. ¡Recuerdo que era muy buena persona, una hermosa mujer, muy noble!

    Antonio Gutiérrez era serio pero sonriente, amable, le gustaba condescender con la gente. Era famoso por ser coleccionista de armas. Fue familiar, creo que tío, de aquel gran beisbolista llamado Raúl “Tractor” Aguirre. Vivía enseguida de una tienda que se llamaba “El Tecate”. Yo lo vi un día con Ramón Laizola. Llegué a visitar a mi amigo, y ahí estaba don Antonio. Me dijo:

    -Qué andas haciendo, Rosendo.

    -No, aquí vine a platicar.

    De hecho, yo nomás escuchaba, ellos tenías sus pláticas sobre los ranchos, de agricultura y esas cosas.

    Carlos Muñoz se dedicaba a la agricultura y fue el que hizo la cárcel que está orita. Para hacer la penitenciaría, unos albañiles eran pagados y otros eran los mismos presos que así pagaban su detención, con trabajo

    Don Pantaleón Meléndez era grande, blanco, de cejas pobladas y bigote. Suegro de Amadeo Valdés, un prestamista que tiene muchas propiedades aquí en Delicias.

    “Chema” Durán Almaguer tenía un establo rumbo a Cuatro Vientos, el “Establo Durán”. Todavía lo conservan sus hijos.


    LA PRESA Y LOS BURROS


    Cuando nosotros vivíamos frente a la Escuela 80, en la avenida 3ª Sur, se hacía la concentración de los trabajadores de la presa en la Plaza de Toros –que estaba donde está ahora el cinema. Allí se iban Rodolfo Gómez, el señor Grande, y mucha gente.

    En dos camiones transportaban a los trabajadores de la presa. A uno le decían “La Matildona”, porque era un dompe muy alto; y al otro “El Rabiate”, un tráiler de don Alfredo Chávez.

    Donde está ahora “Pastigel”, ahí precisamente se concentraba la gente, muy temprano, desde las cinco de la mañana ya estaban. Desde ahí se los llevaban a la presa.

    Aunque había campamentos también. El campamento principal estaba abajo de la presa, a la derecha del vertedero.

    Fuimos a la presa algunas veces cuando estábamos muy chicos, porque éramos medio vaguitos mis hermanos y yo. Había muchos burros sueltos por todos los alrededores de Delicias. Entonces era fácil nomás llegar, pa arriba del burro ¡y vámonos!, nos íbamos a pasear por allá.

    Dos, tres y hasta cuatro arriba de un burro, nos íbamos a ver como hacían la presa.

    Nosotros íbamos en burros a traer leña en aquellos años porque teníamos puras chimeneas. De allá para acá nos traíamos el tercio de leña, también en el mismo burro, y llegando a Delicias los soltábamos y entrábamos a la ciudad ya con la leña.

    Había muchos burros en el Delicias de aquellos días, ¡pero muchos!


    PLAZA DE TOROS Y MUCHACHAS


    La Plaza de Toros tengo entendido que la hicieron los Araiza. Eran albañiles, carpinteros, traían gente para todo.

    De los artistas que llegaban al Hotel del Norte, recuerdo a Pedro Infante, porque hizo una presentación en la Plaza de Toros. A Gastón Santos también. José Alfredo Jiménez se presentó por primera vez en el Cine Río, pero este se hospedó en el

    Hotel Baeza; allí fuimos algunos a curiosear para conocerlo. A la “Prieta Linda” la recuerdo muy vagamente.

    Yo fui siempre muy aficionado a la lucha libre y al box, y lo sigo siendo. De los luchadores me acuerdo de “El Toro” José Carreón, de Johnny Soani, de “El Lobo Negro” (que es el que tiene la salchichonería “La Perla”), de “El Torbellino” Díaz, de los locales. Y vinieron algunos de más renombre. “El Santo” llegó a venir también.

    Se presentaban casi todos en la Plaza de Toros, no había otro lugar. Ahí se hacían los certámenes de canto, de toros, de lucha libre, de box de aficionados. De los boxeadores recuerdo al “Chato” Salas, Johnny López, “Ruso” López, Ramón Heredia de Saucillo; y en aquellos años hacía sus pininos Ramón “Zurdo” Torres.

    De los toreros vi a Gastón Santos. Le pusieron unos toros chiquitos que más bien parecían novillos; traía unos caballos muy adornados. Le gritábamos “El Güero”. Era blanco, muy simpático pelao, muy bien parecido, ¡y no, pos las muchachas le echaban flores!

    Eran muchachas muy diferentes a como se visten hoy, porque recuerdo que en aquellos años no habían muchachos de 14 años con novias, ¡no, no!, ni los padres les permitían, ni a unos ni a otras. Eran muy recatadonas, no usaban pantalones, usaban vestidos largos y moños.

    La Plaza de Toros era de adobe, con gradas de madera, de tablones. La entrada de la plaza estaba por donde está la entrada del Cinema ahora, más abajo por la calle Central. Allí afuera había algunos restaurancitos; uno de ellos lo tenía don Juan “El Chango”, que trabajaba con don Cruz Ortiz allá en “El Milagro”.

    Don Cruz fue el que repartió tierras aquí por orden de don Carlos Blake.


    LUGARES NON SANCTOS


    La cantina “El Resbalón” la tuvieron mucho tiempo los hermanos Meléndez. Era un burdel; adelante era cantina y atrás había casas de cita.

    Más allá estaban “El Rondalla” y “El Capri”. Cuando salíamos a bolear íbamos allí a buscar clientes entre los parroquianos, pero nada más durante el día.

    De hecho, a nosotros no nos permitían la entrada a la hora de sus espectáculos. Les hacíamos mandados a las muchachas, porque parece que las tenían como internadas allí. Había por ese rumbo muchas casas de cita clandestinas, por donde estaba una cantina llamada “La División del Norte”.

    “Los Pequeños” era el sindicato de los comerciantes en pequeño, era un salón de baile también; iba la pura plebada, la raza de huarache a bailar los fines de semana. Tocaban puras corriditas: “De Torreón a Lerdo” y esas canciones.

    Y por donde está el Sindicato de Recursos Hidráulicos había un burdel que se llamó “El Foco Rojo”. Cuando comenzaban ya las actividades, prendían un foco grande rojo.

    Ya la primera zona de tolerancia estuvo aquí en la colonia Francisco Villa; la 10 Sur era un canal, y ya de madrugada, al terminar la parranda, dos o tres allí se caían y se quedaban entre los tules.


    PERSONAJES POPULARES


    María “La Sabrosa” tuvo su primera fonda cerca de donde hicieron la escuela “El Pozo”, en la esquina de la Calle 6ª y Avenida 7ª Poniente. Pero después tuvo un puesto de comida enfrente de la Plaza de la Constitución o Carranza.

    Decían que cocinaba muy sabroso. ¡Era muy guapa la chaparrita! Ha de haber medido como uno sesenta, gordita, siempre andaba muy arregladita, tipo guadalajareña, con arracadas grandes. Se pintaba. No sé si tuvo descendientes.

    Don Concepción Soto, “Don Chon”, yo creo que fue el primer nevero que hubo en Delicias. En tiempo de calor vendía nieve y en tiempo de frío camotes. Uno de sus hijos es Enrique Soto, el corneta de la banda de guerra de la “Leyes de Reforma”.

    El “Nicle” se la pasaba pidiendo trago, siempre andaba tomando, pero nunca era ofensivo. Le gustaba el “Topo”, que eran unas botellitas así chiquitas de sotol que costaban 50 centavos. Era cacarizo, blanco y chaparrito. Él dominaba varios instrumentos musicales. Tocaba guitarra, violín, el acordeón lo tocaba hermosamente. Iba a la cantina “El Pavo”, cerca del toreo, donde tocaba un piano chiquito que había allí. Creo que su papá se llamaba don Tereso. Vivían por donde está la tortillería “San Juan”, en unas vecindades que había por allá.

    Chaga “La Pelona” era una mujer que siempre traía a una hija amarrada con cadena, decía que para que no se le fuera a escapar. Estaba trastornadita también. Se dedicaban a pedir limosna, las dos pedían.

    A Julián Julián le decían “La Changa”. Estaba trastornado de sus facultades mentales. Se la pasaba asustando a los niños. Él se metía a las casas a pedir comida, hasta adentro se metía y, claro, asustaba a las gentes porque andaba muy barbón.

    El “Sanforizado” era una persona que tampoco estaba bien de sus facultades y siempre andaba cantando “Olerí, olerí, olerí”. Hasta que un día se vació encima un bote de gasolina y se prendió fuego. De eso murió.


    UNA HISTORIA DE AMOR


    Yo ya era viudo a los veinte años. Mi primera esposa que en paz descanse se llamaba Petrita Martínez. Por cierto, tengo una historia muy memorable porque nos casamos un 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, por ser día de su santo; y precisamente al año siguiente se me murió el 29 de junio. Ella era de Camargo y nos casamos en Rosales, allí vivía con su tía y sus hermanos, pues era huérfana de padre y madre. Se me murió de parto.

    Se me murieron las dos en el Hospital Regional.

    A mi actual esposa la conocí hace 48 años en la avenida 20 Poniente, ahí vivíamos mis hermanos y yo.

    Bueno, ella estaba muy jovencita y yo ya estaba un poco correteadón.

    Era ella una jovencita de 14 años. En una ocasión que regresé de Estados Unidos, hicieron una fiesta mis hermanas ahí en la casa; una fiesta chiquita, bailaban las muchachas unas con otras. Estábamos mi hermano y yo platicando en la cocina -mi papá se había ido a acostar-, y una de las veces que pasó le dijo mi hermano en son de broma:

    -¡Oye, ven, cásate con mi hermano para que ya no se vaya!

    Ella se soltó riendo, y yo le dije:

    -Ándele, váyase a jugar.

    Y se fue a jugar. Al rato estábamos mi hermano y yo tomando una cerveza y pasó otra vez, y mi hermano le dijo lo mismo. Me decía mi hermano:

    -Ya no te vayas, Rosendo; mira, los papás se preocupan mucho por ti; no sabemos dónde andas, nos escribes allá de vez en cuando...

    En fin, en una de esas pasadas le dije a ella:

    -¿Te casarías conmigo?

    Y ella me contestó:

    -¡No, sí me caso!

    Allí mismo en la fiesta. Nomás que a ella no le gusta recordar eso hora…

    Esto pasó más o menos en 1963.

    Al principio nos nacieron unos gemelitos, pero se nos murieron. Después nació mi hija mayor, Teresa Navarro Domínguez. ¡Fíjese, también nació el 29 de junio! Es la directora de una escuela de Ortiz, la “Primero de Mayo”.

    Mi segunda hija, Alicia, tiene un peinador; vive en la Colonia Revolución.

    Mi tercera hija es Luz Elena; trabaja en el Hospital Regional, es enfermera titulada y estudió también para maestra; antes estuvo allá en Puerto del Toro trabajando.

    Sigue mi hijo David, mi adoración de hijo. Él trabaja con los señores Issa, ya tiene años trabajando con ellos. Es operador de máquina de péndulo, donde cortan madera.

    Mi hija Alicia se divorció y nosotros criamos a mi otra hija, que es mi nieta; trabajó mucho tiempo en maquiladora Alicia, tiene dos hijos ya; pero siguió estudiando enfermería y orita ya está prestando su servicio social.


    Foto 4 Credencial (anverso) que certifica la pertenencia de don Rosendo a la logia “Tolerancia 1”.


    MASONES Y MASONERÍA


    Mi padre fue masón durante muchos años. Tenía un concepto de la honradez y el respeto hacia todo ser humano que nos lo inculcó.

    Ya de grande fui invitado por el señor Ramón Laizola Flores, un oficial de barandilla de la comandancia de policía allá en la 25. Era de Valle de Zaragoza, todavía vive. Yo le pedí que me facilitara unos libros, y al cabo de un año hice mi solicitud de ingresar a la Gran Logia “Tolerancia” del Rito Nacional Mexicano.

    Aquí no había en Delicias y tuve que viajar a Ciudad Juárez.

    Fuimos cinco y sólo dos pudimos pasar las pruebas de iniciación, Roberto Valdés y yo. De allí levantamos columnas en una calle que era de la hija de Laizola, por la Calle 7ª Poniente. Trazamos y duramos dos días haciendo las excavaciones para los cimientos. Así formamos la logia “Benito Juárez”.


    Foto 5 Credencial (reverso). Escudo: “Rito Nacional Mexicano, Marzo 26 de 1826”. Se lee además: “Registrado en la Universidad Nacional de México Sección de Educación Pública y en el Registro Público de la Propiedad bajo el número 199 /Muy Respetable Logia Simbólica del Estado de Chihuahua Gr Ote de Ciudad Juárez Chihuahua /Credencial número 207 expedida el día 4 de julio de 1983 /Ne varientur”.


    En la administración de “Lencho” Treviño, él nos donó el terreno. Nosotros fuimos los primeros, y empezamos a invitar gente. Se agregaron Manuel “Many” Vázquez, Almaquio Adame, Jorge Mendoza, el señor Alvídrez y Alejandro Castillón (actualmente trabaja este en el ISSSTE, es el chofer de la ambulancia).

    Antes habían llegado masones como Polo Amaya, Lorenzo Treviño Santos y Roberto Valdiosera, entre otros.

    Iniciamos también a “Villita”, que trabajaba en correos. Many fue un restaurantero. Jorge Mendoza puso un negocio de zapatos y ropa en el Mercado Juárez. Almaquio trabajaba en la Estación del ferrocarril, era almacenista de las bodegas.

    Con el tiempo surgieron ciertas desavenencias en la logia, por lo cual se abatieron columnas y se cerró el templo.

    La masonería me enseñó a tener un pensamiento totalmente liberal. El respeto a las personas y su forma de pensar.

    Para mí la masonería es algo que me hizo pensar en los liberales antiguos, los que lucharon por la libertad y la igualdad de México.

    Mi mayor satisfacción fue haber convencido a otros de que se iniciaran y ver que han progresado.

    Nosotros tenemos como línea ocho horas de trabajo, ocho de estudio y 8 de descanso. Combatir las injusticias contra cualquier persona, sea o no masón. No sentimos complejos de superioridad ni de inferioridad ante nadie, porque nuestra madre naturaleza, al nacer, nos otorgó el más grande y sagrado de los derechos: una libertad completa y sin ataduras. Es por ello que actúo como pienso, porque soy leal a mis convicciones.

    Yo creo en la igualdad, pero desgraciadamente no la practica la gente poderosa, no comparten esa idea los que tienen más recursos. Los masones debemos tener las manos fuertes por el trabajo que desempeñemos mas no por el aplauso que tributemos a los poderosos. A veces aramos en el agua…

    Mi hijo hace tres años que se inició. David Navarro Domínguez se llama, él es mis ojos y mi orgullo como padre...


    Foto 6 Teresa Navarro Domínguez, hija mayor de doña Josefina y don Rosendo.


    MISCELÁNEA


    El chino Luis tenía “La Baja California”, una tienda de abarrotes que estaba por la Tercera,

    De los árabes conocí algunos, como el doctor Daw Terrazas y al expresidente municipal don Antonio Aún.

    Del Hotel del Norte recuerdo que cuando yo era niño se seguía construyendo, estaban terminando los acabados.

    A “El Puentecito” veníamos a sombrear de vez en cuando, nos llevaba mamá, nos traía una canasta con tacos y nos íbamos ahí a los arbolitos.



    -SEGUNDA PARTE-



    A EMILIANO J. LAING


    Pon atención compañero

    En lo que ahora te relato,

    Fue un jueves quince de enero

    Del año cincuenta y cuatro.


    Llegaron los campesinos

    A efectuar un cuartelazo,

    Pero aquello se frustró

    Por traicionero dedazo.


    Un día antes al anochecer

    Les ordenaba Emiliano:

    “Tomaremos ese cuartel

    Según hemos acordado,


    Mañana antes de amanecer

    Estará de nuestro lado.

    ¡No hay modo de retroceder

    Llegó el momento esperado!”.


    Decía don Rosendo Pérez

    Para animar a su gente:

    “Yo me acompaño de Amparo

    Por ser un hombre valiente

    Venido de Cuatro Vientos,

    Muy querido de la gente”.


    Amparo montó al instante

    Y mantenía baja la voz,

    Con la izquierda en el volante

    Y la diestra en su treinta y dos.


    Doce veinte de la noche

    Ya estaba cerca la aurora.

    Cuando se detiene el coche

    Surge una ametralladora

    Con un mensaje de muerte:

    “¡Les ha llegado su hora!”.


    También don Félix Gutiérrez

    Casi no decía nada,

    Pero nos dice la gente

    Que traía fiera mirada:

    ¡Al encontrarse la muerte

    Apretaba una granada!


    Un hombre muy decidido

    Que su valor reconozco,

    Porque estando malherido

    Siguió disparando, Orozco.

    Había llegado de Orinda

    Y tenía por nombre Ezequiel

    ¡Juntó gente en Loma Linda

    Dispuesta a tomar el cuartel!


    A don Roberto Carrillo

    No podemos olvidarlo,

    Era amigo del caudillo

    Y decidió acompañarlo:

    ¡Cayeron muchos casquillos

    Para poder acabarlo!


    Los que salieron heridos

    Nunca jamás regresaron,

    Allá en Estados Unidos

    Hoy son viejos pensionados:

    Pasan lista de ¡presentes!

    Aunque están del otro lado.


    Otro día ya amanecido

    Se comentaba la hazaña

    En todo Estados Unidos

    Pero también en España.


    Se alertó aquí a la milicia

    Temían un golpe de Estado:

    Lo acontecido en Delicias

    Fue mucho muy comentado.


    Ya con esta me despido

    Pidiéndoles que por favor

    Nunca echen al olvido

    A hombres de tan gran valor:

    ¡Fueron hombres bien nacidos

    Que sí conocían el honor!



    A MI SIEMPRE AMADA ESPOSA


    1


    Compañera de mi vida

    Madre, amante y buena esposa,

    Tanta dicha compartida

    Me sabe hoy color de rosa.


    Muchos años ya han pasado

    Mas te conservas hermosa,

    Espíritu, cuerpo y alma

    Unidos en sola cosa.


    En tu alma yo he encontrado

    La paz que tanto anhelaba,

    Grandemente fui premiado

    Contigo mi bien amada:


    ¡El arquitecto del mundo

    Me ha dado dicha sobrada!


    A tu lado yo he vivido

    Sin conocer la tristeza,

    Pues me das la fortaleza

    Cuando así lo he requerido:


    ¡Yo hoy presumo tu belleza

    Porque me sobran motivos!


    2


    Rodeados de nuestros hijos,

    Llenos de dicha completa,

    Hemos llegado a la meta

    Que Dios nos ha permitido:


    ¡Bendecido sea su nombre

    Por habernos protegido!


    Nuestro pelo ya no es negro

    Ya tiende a blanco platino,

    Mas juntos frente al destino

    Luchando alegres seguimos


    Por el dichoso camino

    Que en el mundo recorrimos.


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